REDES SOCIALES Y LA "SANTA" INQUISICIÓN

No es percepción nuestra sino la de un amigo periodista e investigador histórico de la ciudad donde vivimos. (Y también la leímos en la prensa extranjera). Dándole vueltas al asunto llegamos a la conclusión que no está alejado de la realidad. El boom de las redes sociales, donde todo el mundo, de todas las edades, de todos los géneros, de todos los portes, opina sin filtro, que es lo peor, se ha convertido en una cloaca de acusaciones terribles, de infundios y calumnias sin control, de ataques a mansalva e incluso de incursiones en la vida íntima. O sea, algo muy parecido a la Santa Inquisición Católica (nuestro abuelo materno decía con espanto “y además le dicen Santa”), la cual enviaba a la hoguera a los herejes, es decir, los que faltaban a la doctrina y fe de la Iglesia. Intolerancia absoluta. Que estupidez, que absurdo de la conducta humana, tan propia de su ignorancia y ansias de poder. Bien, decía este hombrón que la infamia que recorre las redes sociales, reiteramos, se parecía a la Inquisición. Si vemos los posteos en la red es increíble la saña, el odio, la intolerancia, el resquemor, la rabia, el afán de enlodar gratuitamente a quienes, inocentemente, plantean sus ideas, defiendes sus ideologías, están contra la corriente. Los tapan a groserías, palabrotas, le atribuyen homosexualidad de inmediato, recuerdan a su  hermana, a la madre y hasta alcanza para las abuelas. Es un desprecio por la dignidad humana digna de análisis psicológico. Algo funciona mal en esas cabezotas de aserrín. Hay una desmesura en el decir y actuar que habla de serios problemas mentales. Sí, estamos de acuerdo, la sociedad ha devenido en eso, en los estallidos, en las crisis, nadie tolera nada, es cuestión de dignidad, mucho atropello, mucha injusticia, perfecto, está bien, de acuerdo, nadie podría estar en desacuerdo con lo propuesto, pero no deja de sorprender la intolerancia, la discriminación, el egocentrismo de quienes defienden posiciones, no aceptan críticas, se creen dioses los huevones, arrasan con cualquier manifestación que los contraríe. El resultado es simple: igual que aquellos tiempos denigrantes, los arrojan a la hoguera de la descalificación, el envilecimiento, la deshonra, el hacer añicos cualquier atisbo de contradicción a sus debates. “Considerar que algo es injusto no es una buena razón para negar que otro decida elegirlo, menos impedírselo mediante la coacción” decía Carlos Peña, conocido articulista.Y no se ven lluvias en el horizonte que apaguen estos ardores mentales. Al contrario, “el cielo como una plata” como decían nuestros ancestros. Qué lástima, que pena, que podredumbre. Tecnológicamente estamos en la cúspide de los avances, culturalmente aun no salimos de las cavernas.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020