Senén Palacios y El Espino

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PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN, SALVO QUE SE INDIQUE EL NOMBRE DEL AUTOR Y LA FUENTE.

 

Por Jorge Arturo Flores

Muy poco conocido como escritor, más reconocido como hermano de Nicolás Palacios, autor de “Raza Chilena”, Senén Palacios publicó un  libro, “Hogar Chile” que obtuvo en 1910 un premio.

Publicó un segundo  libro “Otros Tiempos” (1923).

Después, la losa del olvidó cayó sobre él y nadie lo recuerda.

En la novela señalada, en medio de los diálogos, descripciones y trama, hay un capítulo diferente, que aparece de la nada, solitario, como una figura lejana perdida en el desierto. No tiene relación con el libro. Permanece allí por capricho de su autor.

Se trata del capítulo intitulado El Espino. Es una pieza notable, tanto que Alone, en su Antología del Árbol, donde está incorporado, dijo que ese gran capítulo era suficiente mérito para haber obtenido el premio  citado. A buen entendedor…

Realmente es un trozo de jerarquía.

Trata sobre el espino chileno. Pudo haber sido el álamo, el quillay, el lingue, el roble, cualquier otro árbol nacional, mejor dispuesto para el dibujo, más llamativo tal vez en sus hojas, flores y frutos, pero no, Senén Palacios prefirió detener su mirada emocionada en el espino el cual está “ solo, en medio del potrero, agarrado al suelo con profundas raíces, arisco y fiero; el tronco firme, sus mechas al viento, empecinado en no soltar aquella tierra que es suya, que lo vio nacer, que fue de sus mayores y que ama entrañablemente

Ya tenemos la escena,  el entorno y su protagonista.

Luego lo describe: Alza, altanero, su copa desgreñada y rala, de ramas nudosas cubiertas de espina, de las que cuelgan, en triste abandono, los restos de un nido deshecho, en forma de hilachas, y un manojo de verde quintral salpicado de flores sangrientas, semejante a una cabellera colgada como un trofeo salvaje.

Con muy pocas palabra, el lector capta de inmediato la imagen del singular árbol.

En seguida la pluma de escritor se solaza en colocar al espino frente a dos estaciones: el invierno y la primavera.

En el invierno describe como los álamos se doblegan, prosternados hasta el suelo, al paso del huracán. En cambio “ solo el espino permanece enhiesto. Y al estrellarse con él la tempestad, éste le opone sus ramas erizadas como garras, y gime y brama el viento, que al pasar por esas púas se desgarra, como la bestia alcanzada de un zarpazo que grita de dolor y rabia.

Nuevamente apreciamos la maestría para narrar un simple hecho, pero que cobra brillo, realce, que se agiganta, antropomorfizandose, en esa titánica lucha entre un pequeño espino y la enorme tormenta desatada. ¡Y cómo lucha, cómo lo enfrenta, con que altivez se mantiene en pie, desgarrándolo!.

Bella escena.

Con posterioridad deviene la primavera, adornando el campo con flores, pájaros, nidos. Todo se viste de gala. En cambio el espino sabe que no es bello, pero se engalana a su manera, a su gusto, no en forma de ostentación mundana y vanidosa, como la fragante acacia o el empalagoso floripondio, sino algo propio y de carácter, y echa flores amarillas, chiquitas y pegadas al palo, como  diminutos copos de plumón de olor fuerte y penetrante, sin miel para alimentar abejorros y zánganos.

No vienen a él los pájaros ni las abejas. A veces  algún chuncho o un cernícalo comiendo de su presa sangrante o bien un tiuque errante parado en lo alto, entonando su característico chiu chiu chiu.

Triste la vida del espino, muy singular, siempre  solitario, pero, al mismo tiempo, poseedor de un gran carácter, fiero en la lucha, dadivoso con el humano, al proveerlo  de carbón o madera para tallar. Senén Palacios lo compara con el roto chileno. Puede ser. Quien busca coincidencias, al final las obtiene.

El desenlace es predecible: el hacha empuñada por el hombre lo derriba, no sin arduo esfuerzo. ¡Hasta el final el noble espino da pelea!.

En síntesis un  texto que resulta grato de leer, que deja parpadeando en la mente la idea de una rara belleza, que obliga a pensar en la defensa del árbol, que nos sumerge en pensamientos armoniosos, propios de la natura, reflexionando, por cierto, sobre la sinrazón humana. Relato que enaltece la figura del popular espino, cuanta veces observado a través de los cristales del automóvil o del  tren en movimiento, adorno permanente de los potreros, bello en su estampa reposada.

Siempre nos llamó la atención este relato. Hoy lo traemos a cuento para recrearnos  una vez más con la maestría del narrador y con la hermosura de un arbusto que no siempre es visto con detenimiento por el común.

3 comentarios en “Senén Palacios y El Espino

  1. Un amable lector, don Marcelo Villalba, nos ha escrito indicándonos que don Senén Palacios publicó otro libro, intitulado “Otros Tiempos”. No tenemos constancia de él, pero lo anotamos en este comentario, a la espera de su confirmación. Lamentablemente sobre don Senén Palacios no hay mucha noticia, tanto literaria como biográfica.

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  2. Ya tenemos la constancia oficial que el libro en comento existió. Merced a los buenos oficios y gentileza del lector de esta página don Juan Zumarán Rojas, hemos tenido a la vista la critica literaria publicada en Zig Zag (1923) generada por la aparición del texto referido. Debemos agradecer a don Marcelo Villalba y a don Juan Zumarán sus importante aportes para el mejor conocimiento de este escritor chileno que no tiene mucho eco en los panoramas literarios.

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