Temas imposibles en una conversación.

Por Jorge Arturo Flores

No acostumbro a tocar, en mis escasas intervenciones sociales, los asuntos relacionados con la política, la religión y el futbol. Todos corren el riesgo de transformarse en enfrentamientos donde la violencia verbal no está ajena. Son contextos lamentables. Las epidermis, especialmente ideológicas, son muy sensibles y presentan una intolerancia que no se condice con la racionalidad humana, si es que existe. En el futbol, que podría asomar como más simple, topamos nuevamente con una muralla argumental que no admite ningún margen. La religión, por su parte, dejó de ser la fuerza moral que tanto pregonaban sus defensores. Para que hablar de la política, donde la rebaja de la individualidad es manifiesta.

Los tres temas, cuando se tornan apasionados, no admiten diálogo.

Para corroborar, basta advertirlo en la cotidianidad, especialmente leyendo los posteos en las redes sociales.

Es la confrontación violenta, discriminadora, intolerante que avasalla y desocupa el lugar de una mínima convivencia. Cada opinante se cree dueño de la verdad, cada uno esgrime con desdeñosa actitud su argumento, descalificando, con una facilidad sorprendente, a quien tuvo la mala ocurrencia de opinar distinto. Y se llega, por estos caminos, rápidamente a la frase hiriente, al consabido CTM, vulgar “sacada de madre”, al descrédito absoluto, a la discriminación social, sexual, religiosa y deportiva.

Es algo que cuesta entender.

¿Diálogo con alturas de miras, sin bajezas personales, exento de descalificaciones?. No señor. Inexistente en la sociedad actual. Lo adornan, es cierto, con alguna circunspección, pero, en el fondo, hay un ataque inmisericorde a las creencias ajenas, a los juicios contrarios, a las opiniones del resto. Por estos caminos se llega rápidamente al endiosamiento del YO, al apogeo del individualismo, a la búsqueda desesperada de poder y más poder, pisando al resto para subir.

Es un tema recurrente en mis escritos. Debe ser porque no acierto a compaginar el desarrollo tecnológico con el cultural. Creí que iban de la mano. Pero definitivamente no. Hay una brecha entre lo tecnológico y el avance social realmente contundente.

¿Encuentra usted que exageramos la nota, que no es para tanto?.

Respetable opinión, pero no olvidemos que el planeta Tierra fue sacudido, al través de su historia, por guerras desastrosas, provocadas por las religiones y por la política. Ah, y también hubo una impulsada por el futbol.

Es cuestión de leer, leer y leer.

Sombrío paisaje para quienes, ingenuamente, gustamos de la cordialidad, el equilibrio y la armonía. Tal vez ese panorama no cuente con muchos adeptos por el hecho de parecer aburrido al no contar con relieves. Al ser humano, si bien busca la tranquilidad como meta, en el fondo la desdeña y le parece más atractivo lo que rompe la regla, vulnera la ley, choca con prejuicios, normas y tabúes. En otras palabras, el cambio permanente. Es lo que atrapa con prontitud. Las anheladas expectativas de armonía, cordialidad y equilibrio son más bien un obstáculo para desarrollar nuestras apetencias ancestrales. Por ello, tal vez, la idea no prende y nos inclinamos tanto hacia la violencia, en todos sus términos, especialmente en el fanatismo religioso, la intolerancia política y el desdén por la opinión ajena.

¿Cómo se observa el horizonte?. Más bien nublado, con negros nubarrones

(escrito en  Encuentro Literario, Artístico & algo +).

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