¿TIENE QUE COMPROMETERSE EL ESCRITOR?

Entre las tareas que un escritor adquiere, una vez publicado sus libros y por persistir (dejamos a un lado el talento), está el hecho de manifestar su compromiso social. Constituye una costumbre y una ley a priori. Esto es, no puede permanecer indiferente a lo que ocurre rededor, sino debe comprometerse. ¿De dónde salió esta   malévola medida que debe tragar el que escribe?, ¿Con qué siniestras  intenciones se la arroja al tapete? Sin duda, y negarlo sería inoficioso, hay una corriente ideologizada, de color rojo y que ha teñido de la misma gama gran parte de la historia humana, que fracasó con su modelo, que jamás unió a las personas, dejó mucho que desear en cuanto a su verdadera meta, no mejoró nada, provocó mucha desigualdad y que, pese al tiempo, aún conmueve a los ignaros, inocentes y estúpidos humanos. No vamos a mencionarlo para no efectuar publicidad, pero un individuo con un dedo de frente captará a quienes nos referimos. Pues bien, esa fracasada  ideología dejó inserto en el imaginario popular el que los escritores, por sobre todo, tienen un compromiso social, no con sus lectores, sino con el pueblo. Benditos sean. Los de la orilla contraria se despreocupan de este punto y continúan por la otra senda. Por este inmenso pecado a los escritores “no comprometidos” simplemente se le veda, ingresan al Índex de los autores malditos, su obra se quema por la intolerancia y debe buscar otros barrios. Es el destino de muchos. Recuerda, por supuesto, a la Inquisición Católica ¡La Santa Inquisición Católica! como vociferaba nuestro abuelo materno, le dicen “Santa”, que barbaridad. La pregunta aflora de inmediato: ¿es obligación escribir al través de una mirada política, hacia un solo punto, provisto de anteojeras?, ¿solamente debe caminar por esa huella, sin razonar, obediente al silbo de sus jerarcas y, por ello,  el triunfo está asegurado y tendrá el aplauso fácil de los tarados?

Recordemos el caso emblemático en Chile de Pablo Neruda.

Si bien es cierto el escritor posee una sensibilidad artístico-social a flor de piel y, por consiguiente, contempla  sucesos que el resto no ve, no es menos cierto que esa sensibilidad debe ocuparla con equilibrio, dejando una estela en su ruta, permitiendo , sobre todo, la libertad de su obra y la de sus lectores. Nunca debe abstraerse de la contingencia puesto que es un testigo de la época, pero siempre exigiendo autonomía de expresión, cualquiera sea el color político del gobierno de turno y detestar todo lo que huela a censura o daño físico. Es una cuestión de simple lógica. En ese contexto, sin ocultar que cada autor posee su lado ideológico, el compromiso social del literato debe ser amplio, tocando todos los extremos, no discriminar ni ser intolerante con la opinión ajena, demostrando que está unos milímetros encima de la masa y que, en otras palabras,  es distinto y open mind.

De lo contrario es un asno, con perdón de éstos y mejor dedíquese a elevar volantines.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019