UNA IGLESIA CÓMPLICE (artículo)


 

 

Jorge Arturo Flores

Aunque el tema está manido, y hasta podría enervar a cualesquiera por la insistencia, la verdad es que ha sido imposible  pensar con tranquilidad frente a los hechos que han ocurrido en el seno de la Iglesia Católica (hay más religiones que también reman en la misma dirección) y que tienen que ver con las conductas homosexuales de muchos párrocos, conducta que los han impulsado a cometer abusos que no se condice, primero, con su calidad de sacerdotes, y, segundo, con su categoría de seres civilizados.

Debe ser porque nos criamos en la religión católica.

Estremece la inteligencia comprobar cómo seres que convinieron hacer de la humildad, la pobreza, el celibato, la castidad, virtudes sobresaliente en su opción de vida, la desgarran con un “carepalismo”, con una soberbia, con una indiferencia atroz, que espanta. Es una perversidad que no admite matices y no conoce límites. Lo peor: no se les observa arrepentidos y continúan sus vidas encerrados en conventos o trasladados a otras parroquias, donde nada, en este ultimo caso, sugiere que no cometan de nuevo sus desaguisados.

Es lo torcido lo que harta.

Porque provienen de personas que estudiaron años para obtener el título de sacerdotes, monjas, teólogos o lo que sea. Se supone que tienen una cultura o instrucción superior a la feligresía en materias religiosas y, por consiguiente, están armados de instrumentos  que el común no maneja.

Además está Dios…

Se presume que por amor a El se volvieron clérigos o religiosas.

Es lo inaceptable.

Pero lo que también corroe el espíritu es cómo la Iglesia Católica, al través de sus autoridades eclesiásticas y los mismos colegas de sacerdocio, se volvieron cómplices de las villanías, encubriendo, cambiándolos de parroquias, mirando para el lado, “haciéndose los lesos”, en buen chileno.

Eso también es inconcebible.

Se ha dicho que esta situación ha sido siempre igual y que hoy, vaya a saber usted por qué, se ha podido destapar la olla. Es cierto. No olvidemos también que en cuanto a “destape”,  las religiosas, vulgo monjas, tampoco están exentas de pecado Hay allí un mundo tenebroso que aun no estalla.

Recordamos cierto pasaje de la Biblia cuando Jesús advierte al mundo sobre el cuidado de los niños:Quien escandaliza a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar”.

Hasta hoy no hemos visto a ningún cura depravado desaparecer bajo las aguas.

No tienen perdón de Dios. Seguramente EL los castigará cuando mueran ( si es que hay Dios, si es que hay castigo), pero el daño causado es inmenso y no se remedia con nada.

Pasma, también,  la indiferencia de la Iglesia al no preocuparse de los abusados.

Inexcusable conducta.

¿Solución?. Ya está dada: Dejar  afuera los homosexuales y lesbianas y ofrecer matrimonio para los que ejercen estos trabajos. Matrimonio también para las religiosas, reiteramos, otro punto que no ha salido a flote. Allí   hay una olla que está subiendo de presión y el lesbianismo mueve su cola.

En el fondo, el sexo.

Siempre es lo mismo. ¿Por qué?: porque el hombre, a través de las religiones, especialmente la católica, ha ensuciado una tendencia natural –  otorgada por el Creador  – y la ha sumido en la más baja de sus calificaciones.

Nuevamente  inconcebible.

En síntesis, como leímos alguna vez, “hay que tener por cierto que los sacerdotes de Cristo no son siempre los imitadores de Cristo”.

 

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