VICTOR DOMINGO SILVA, Al Pie De La Bandera

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Por Jorge Arturo Flores

Los que ya pasaron la curva de los  60 o 70 años, seguramente recordarán este poema de Víctor Domingo Silva, largo como lamento de pobre, dedicado a inciensar la bandera chilena. Es un poema patriótico, encendido de pasión y amor, pletórico de bellas imágenes, con fervor místico, convincente. Tanto así que en aquellos benditos tiempos de escolaridad nos sometían al sufrimiento de memorizarlo. Luego lo recitábamos, pálidos, frente al curso y al profesor.

Lo increíble es que lo aprendíamos. Sin duda, el miedo es más fuerte.

No recordamos si eran pasajes, porque contemplándolo ahora suena a esfuerzo titánico, digno de un genio.

La poesía en sí llama la atención y se guarda de inmediato en la memoria. Las primeras estrofas. Posteriormente se produce un interregno que se desplaza por un campo turbulento, donde el poeta parece desvariar como un maníaco delirante, sin perder de vista, claro está, la acariciada estampa de la bandera. Al final retorna sobre el tema y cierra muy bien el poema.

Fue escrito en una época que lo convirtió rápidamente en popular. Llegó al lector común con mucha facilidad, más aun si se declamaba en el colegio.

Hoy dudamos que alguien lo recuerde o signifique lo mismo.

Recordemos, entonces, pasajes de esos versos:

AL PIE DE LA BANDERA

¡Ciudadanos!
¿Qué nos une en este instante, quién nos llama,
encendidas las pupilas y frenéticas las manos?
¿A qué viene ese clamor que en el aire se derrama
y retumba en el confín?
No es el trueno del cañón,
no es el canto del clarín;
es el épico estandarte, es la espléndida oriflama,
es el patrio pabellón
que halla en cada ciudadano un paladín.

¡Oh bandera!
La querida, la sin mancha, la primera
entre todas las que he visto. ¡Cómo siento resonar,
no en mi oído, sino dentro de mi ardiente corazón,
tu murmullo
que es alerta y es arrullo,
tu murmullo que es consejo en la tertulia del hogar
y que en medio de las balas es rugido de león!
¡Cómo siento que fulgura, con qué ardores,
la gloriosa conjunción de tus colores,
flor de magia, hecha de fuego, de heroísmo, de ideal!

¡La bandera! La soñamos inmortal
con su blanco, con su rojo y con su azul en que descuella
—perla viva y colosal—
esa estrella
arrancada para ella
al océano de luz del cielo austral.

La hemos visto desde niños, la queremos
como amamos a la novia, con supremos
arrebatos, con ternura, con unción.

Ella vive palpitante en las visiones familiares
de los días escolares,
y al mirarla hecha jirones nos parece
que ella grita al desgarrarse porque mece
lo que aún queda en nuestras almas de esperanza, de ilusión.

¡Ciudadanos!
Que no sea la bandera en nuestras manos
ni un ridículo juguete, ni una estúpida amenaza,
ni un hipócrita fetiche, ni una insignia baladí.
Veneramos a la bandera
como al símbolo divino de la raza:
adorémosla con ansia, con pasión, con frenesí,
y no ataje nuestro paso, mina, foso, ni trinchera
cuando oigamos que nos grita la bandera:
“¡Hijos míos! ¡Defendedme! ¡Estoy aquí!”

 

Biografía (wikipedia)

Hijo de una culta familia, sus padres le inculcaron el amor a las letras.

En 1901 se trasladó a Valparaíso, ciudad donde vivió durante 15 años, fundamentalmente en la calle Taqueadero 55 de Playa Ancha. En compañía de otros escritores, fundó el Ateneo de la Juventud de Valparaíso y la Universidad Popular. Posteriormente, se dedicó a la política y fue electo diputado en 1906 por las provincias de CopiapóChañaralVallenar y Freirina. En esta misma época, inició sus publicaciones en el diario El Mercurio de Valparaíso, en donde utilizaría el seudónimo de Cristóbal de Zárate.

Fue llamado el poeta nacional, debido a que dedicó buena parte de su poesía a temas nacionales, tales como su famoso poema Al pie de la Bandera,2​ en el cual exaltó su patriotismo. Mantuvo una estrecha relación de amistad con los poetas Zoilo Escobar y Carlos Pezoa Véliz, y con los novelistas Daniel de la VegaJoaquín Edwards Bello y Augusto D’Halmar.

Ingresó a la diplomacia en 1928, siendo destinado a la Patagonia argentina, convirtiéndose en un impulsor del establecimiento de la provincia de Aysén. En 1928, viajó destinado como cónsul general de Chile en Madrid y regresó al país en 1948.

Recibió varios premios, entre los que destacaron el citado Nacional de Literatura en 1954 y el de Teatro en 1959.

Obra 

Retrato de Víctor Domingo Silva en 1908.

Sus principales obras son:

  • Adolescencia (1906)
  • El Derrotero (1908)
  • Romancero Naval (1910)
  • Golondrina de invierno (1912, novela)
  • La Pampa Trágica (1921, novela)
  • Palomilla brava (1923, novela)
  • El alma de Chile (1928), antología poética
  • El mestizo Alejo (1934)
  • Poemas de Ultramar (1935)
  • El cachorro (1937)
  • La Criollita

En teatro se destacan:

  • El pago de una deuda (1908)
  • Nuestras víctimas (1912)
  • Las aguas muertas (1921)
  • El Rey de la Araucanía (1936)
  • Fuego en la montaña (1938)
  • Aún no se ha puesto el sol (1950)
  • La tempestad se avecina
  • El hombre de la casa

Filmografía 

 

FOTOGRAFÍA: Memoria Chilena

TEXTO: Jorge Aturo Flores

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12 comentarios en “VICTOR DOMINGO SILVA, Al Pie De La Bandera

  1. Gracias por la evocación. Este poema lo recité muchas veces en mi escuelita de Arica cuando tenía 8años. mi corazón se llenaba de emoción. Tuve la suerte de tener la poesía como pan de cada día. Mi mamá nos recitaba frecuentemente largos poemas. Así mis hermanos y yo, nos los aprendíamos de tanto escucharlos. Ahora tengo 54 años y escribo poesía y a veces también recito. Es una práctica que llena mi corazón de bellas emociones y me remonta a aquellos momentos de hermoso nerviosismo cuando reciba frente a mis compañeros de escuela. Tal vez esto me oriento a estudiar docencia y ser una feliz profesora. Muchas gracias, a Víctor Domingo y a ti.

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  2. Es muy grato – y siempre lo será – coincidir en los gustos literarios con otras personas. Uno tiende a sentirse, además de acompañado, muy satisfecho. Por ello, me alegra mucho el comentario de Ana Mancilla respecto del comento que hicimos en torno a la poesía famosa de Victor Domingo Silva. Grato porque también nos hace reencontrarnos con aquellos tiempos d estudiantes y el nerviosismo lógico para aprender y luego recitar la poesía de marras. Es bueno recordar, porque permite mirar nuestra vida al través de tiempo y sacar conclusiones, que nunca están de más. Gratifica haber contribuido a un recuerdo de alguien que tambien recitó esta poesía. Un abrazo.

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  3. No conozco desde mi infancia y recuerdo muy bien cómo se me ponía la piel cuando la escuchaba en los actos de mi Escuela N° 247 “Membrillar” ( Santiago de Chile). Hermoso poema. Gracias por publica parte del mismo. Tengo 65 años y aún me hace vibrar de emoción.

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  4. Estimados, no puedo quedar ausente de comentar lo agradable que se siente leer este tipo de comentarios relacionados con la poesía de ayer, tarea tan importante en mis años de niño, tengo poco más de 50 años y soy profesor, enseño con amor en una escuela rural cerca de la ciudad de Chillán, y siempre comento a mis estudiantes esas largas jornada de estudio que en algún momento usé para aprender esta y otras poesías, realmente son gratos recuerdos, hermosos recuerdo literario.

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    1. Tal como decíamos en nuestra crónica, la generación de los que pasaron la curva de los 60 o 70 años de edad tienden a rememorar esas épocas estudiantiles en que nos obligaban a memorizar y declamar poemas, experiencia, muchas veces, para los tímidos, terroríficas. Sin duda, la educación de aquella época era muy distinta a la actual, donde primaban otros conceptos que hoy ya no se dan. Celebramos que aun queden personas que guarden gratos recuerdos de esas experiencia, especialmente de este largo poema.
      Y felicitaciones a los maestros rurales, verdaderos apóstoles de la enseñanza, reales Quijotes en la dura tarea de enseñar lejos de las ciudades..

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