Violeta Parra: un necesario encuentro

Por Jorge Arturo Floresvioleta1

Se repite con Violeta Parra lo ocurrido a varias mujeres chilenas que se tentaron con musicalizar, escribir y pintar sus sentimientos y emociones.

No se concebía que lo hicieran tan bien.

Además del machismo imperante, estaba la cosa ideológica, específicamente en el caso que nos preocupa. Violeta Parra ciertamente no fue entusiasta de las ideas derechistas ni sintió alguna simpatía por ellas. Es lícito, es humano, está en su derecho. Su línea ideológica, por consiguiente, va por el riel de la izquierda.

Esto último pudo conspirar para el olvido de su obra.

LOS DIFICILES INICIOS

La gente percibió sus inicios como algo complicado, ausente, propio de quien cultivaba el bajo perfil y no era amiga, por supuesto, de la farándula ni el estruendo. Su afán va más de acuerdo con la persona silente que investiga las raíces folklóricas de un país tan negado, a veces, de su propia identidad. Por lo demás, el mundo del folklore, del canto a lo humano y a lo divino, de las décimas y liras, de todo lo que rezuma raíces de identificación, y en lo que trabajó la trovadora chilena, no constituye precisamente un segmento que provoque delirio ni ruido. Es un nicho que se perpetra casi en la intimidad.

Son escasos los que han trascendido el silencio.

Pero el talento siempre se impone, aún sobre mezquindades ideológicas, sociales, religiosas o morales. Y Violeta Parra, en tal sentido, después de un tiempo en que fue pasada a la reserva sin instrucción, volvió lentamente al imaginario popular y su creatividad artística fue reconocida por moros y cristianos.

Los textos de estudio, entonces, emergieron y se multiplicaron, analizando su poesía y música, aunque se detuvieron demasiado tiempo en su difícil vida amorosa.

Algunos la consideraron eminente, otros rupturista, en general, coinciden en su vanguardismo.

Donde existe consenso es cuanto a su talento.

El común la reconoce de inmediato por la canción GRACIAS A LA VIDA, que se ha extendido a nivel planetario. Pero Violeta Parra no se consume en una canción, porque tiene muchas, tan bellas y profundas como la citada. Por citar algunas, Run Run se fue a la guerra, Volver a los 17, El gavilán, El albertío, Arauco tiene una pena, Arriba quemando el sol, Según el favor del viento, Que he sacado con quererte.

Violeta musical

Pero tampoco se limitó a la música. Cada trova es un poema en sí, lleno de energía, vida, originalidad, humanismo y emoción.
Desde hace aproximadamente 20 años, Violeta Parra se inserta en la literatura chilena. Antes solamente era visitante obligado en el folklore nacional.

Violeta poetisa.

Sin embargo, como su hermano Nicanor Parra, uno de los Cuatro Grandes de la Poesía Chilena,( quien le dedicó un poema sublime, inmenso e inmortal: Defensa de Violeta Parra) no se contentó con la música y la poesía, sino también cultivó el arte manual, llevado a cabo en sus famosas arpilleras, modelando la cerámica y tejiendo singulares bordados. (No olvidemos que Nicanor Parra también incursiona en el género dúctil con sus Obras Públicas).

Violeta artista plástica.

Tal muestra de talento artístico a la larga debía fructificar y de esta manera, en forma paulatina, casi morosa, aunque nunca preponderante, quedó atrás cierto desdén, cierta indiferencia por su obra. Allá lejos permaneció el resquemor ideológico, siempre limitado y estéril. Más lejos aún se esfumó la actitud machista de muchos próceres que la ningunearon en su oportunidad.

Hoy adhieren los que ayer condenaron. “Dobla la cerviz, fiero sicambro…”

VIGENCIA DE VIOLETA PARRA

En la actualidad el nombre de Violeta Parra es famoso, conocido de todo el mundo; sus canciones han sido musicalizadas por intérpretes afamados; ha obtenido, por fin, un lugar en la música y se le considera en la literatura chilena – para mal de algunos – como poeta talentosa.

Bien por ella. Absolutamente merecido.

Sin embargo (qué lástima que exista el sin embargo) queda flotando en el aire una rara sensación, algo no cuaja ni es tan notorio. Si bien tenemos a Violeta en lo más alto de la cima, con estudios y cantantes interpretando su obra, hay algo imperceptible que no logra traspasar la barrera del sonido y se queda ahí, quieta, anhelante, agitada.

Es difícil explicarlo sin duda.

Recuerda un poco lo sucedido con Gabriela Mistral que, pese al Premio Nobel, a los homenajes y estudios, nunca quedó afincada fuertemente en el imaginario y fue más popular afuera que en su tierra.

Aunque no es presencia inevitable en los hogares musicales, la música de Violeta Parra, no obstante, es perfectamente conocida y fácilmente distinguible.

Pero aun así persiste esa sensación como de abandono, de olvido, de pertinaz lucha por mantenerla vigente, en lo alto, sin que caiga y se le olvide.

Extraña percepción.

Retirémonos de escena transcribiendo un fragmento de ese inmortal y bello poema que su hermano Nicanor Parra le dedicó cuando supo de su suicidio:

DEFENSA DE VIOLETA PARRA

Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterno del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.

Jardinera
locera
costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra.

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas.

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino
de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa.

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo
Viola admirable. […]

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